domingo, 15 de marzo de 2009

LA VOCACIÓN PROFESIONAL




La vocación es la tendencia que siente una persona hacia determinadas actividades, es una inclinación natural que ya desde niño se manifiesta.
Las personas no tienen una sola vocación, sino que tienen muchas. Esta posibilidad les permite responder a la más adecuada según su situación y el lugar donde se encuentren.
El hombre no es un ente aislado sino que es él y sus circunstancias, por lo tanto el medio en que vive es necesariamente una condición importante a tener en cuenta.
Por lo tanto, la vocación se relaciona con las habilidades específicas, las capacidades y las posibilidades económicas y sociales, así como también con las oportunidades que brinda el contexto.
Como consecuencia, para elegir adecuadamente una carrera u oficio, no sólo hay que prestar atención a lo que a una persona le gusta hacer, sino también hay que tener muy en cuenta la posibilidad de participación en la sociedad que esta ocupación pueda proporcionar, teniendo en cuenta que ante todo hay que hacerse responsable por lo menos de la propia subsistencia.
Elegir carreras u oficios que no tengan salida laboral produce a la larga la pérdida del sentimiento de pertenencia al grupo social, así como marginación y frustración por no poder participar en el medio.


La gente se siente realizada cuando hace lo que le gusta y puede encontrarle significado a su tarea colaborando en su ambiente. Todo en la naturaleza tiene un propósito y tiende al equilibrio, y el trabajo creativo de cada uno también tiene que estar en armonía.
Las encuestas registran que la mayoría se siente más gratificada por el reconocimiento por su trabajo que por el dinero que ganan. El dinero ocupa un segundo lugar, por lo tanto se destaca que no es el factor más importante.
La identidad profesional se logra cuando se llega a ser creativo en el trabajo y no un burócrata alienado en el rol, permitiendo así desarrollar una actividad en forma óptima, sin dejar de ser persona. La mediocridad la expresa quien hace las cosas por obligación sin ningún compromiso.
Todos los trabajos son dignos y más que tener muchos títulos inoperantes es mejor hacer las cosas bien aspirando a la excelencia.
Elegir adecuadamente garantiza una buena inserción laboral, buenos ingresos y mayores posibilidades de realización personal.
Un caso clínico
Pablo tiene 40 años, es soltero y vive con su madre viuda.
Se presenta a la consulta para que le realice un test de Orientación Vocacional porque a pesar de haber logrado tres títulos universitarios todavía no sabe lo que le gusta.
Se recibió de Contador Público, luego de Licenciado en Economía y por último de Licenciado en Ciencias de la Administración. O sea que hizo las tres carreras posibles dentro del ámbito económico.
No obstante, todavía no consiguió una ocupación ni nunca trabajó en su vida.
Cuando le pregunté qué hacía todo el día me dijo que hasta que logró el último título, estudiaba y después se dedicó a buscar trabajo.
Pablo me dijo que él no se sentía obligado a trabajar porque el creía que era deber de su madre mantenerlo, ya que era quien lo había traído al mundo.
Precisamente ese razonamiento era el que lo estaba bloqueando. Su forma de pensar, su cosmovisión, lo reducían a la categoría de un niño pequeño.
Le recomendé una terapia breve con objetivos limitados a fin de ayudarlo a modificar sus creencias y a tomar conciencia de su responsabilidad como adulto.
Pablo todavía era un niño, no se daba cuenta que ya tenía cuarenta años y que todavía seguía haciendo lo mismo que hacía cuando era chico.
Aprendió a comportarse adecuadamente en una entrevista de trabajo, a hacer un currículum que reflejara mejor sus cualidades personales y principalmente reconoció su obligación de participar en la sociedad como un adulto.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/general/la-vocacion

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